Es la primera vez que veo que una protesta se hace en contra de las empresas que los contratan y no contra las responsables políticos de su descontento.
Pero para eso están, para hacer ruido -de algo tiene que vivir tanto liberado- y de paso ir de excursión familiar a la Capital de las Españas; mochila en hombros, bocata en mano.
Ya domingo por la tarde, regreso a tierras leonesas todavía no cubiertas por ese manto blanco que nos ha paralizado, y descubro que un esquizofrénico ha asestado un guantazo con una miniatura de la seo milanesa a Il Cavaliere para escarnio de media Europa.
Ya lo hicieron con Hermann Tertsch, y sin haber el menor arrepentimiento por lo ocurrido, se mofan también de Berlusconi.
¿Ésta es la Europa moderna, pacífica; que repudia al diferente, atacándole física o moralmente, o que intenta culpar de la crisis a otros sin plantear alternativas dignas de dicho nombre?
¿Y es que se creen acaso que agrediendo al discrepante o despotricando, éste les va a dar la razón?
Como dijo Julio Anguita, con el que no puedo estar más de acuerdo:
“Los convencidos no gritan ni chillan; como mucho se acaloran”





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