lunes, 21 de diciembre de 2009

De la Villa y Corte y otras peripecias

Era un 12 de Diciembre de 2009, cuando yo pululaba por el kilómetro cero de Expaña sorprendido de la cantidad de banderitas sindicales que había, y es que había un manifa de los sindicatos en contra de los empresarios, sí digo bien, de los empresarios.
Es la primera vez que veo que una protesta se hace en contra de las empresas que los contratan y no contra las responsables políticos de su descontento.
Pero para eso están, para hacer ruido -de algo tiene que vivir tanto liberado- y de paso ir de excursión familiar a la Capital de las Españas; mochila en hombros, bocata en mano.




Ya domingo por la tarde, regreso a tierras leonesas todavía no cubiertas por ese manto blanco que nos ha paralizado, y descubro que un esquizofrénico ha asestado un guantazo con una miniatura de la seo milanesa a Il Cavaliere para escarnio de media Europa.
Ya lo hicieron con Hermann Tertsch, y sin haber el menor arrepentimiento por lo ocurrido, se mofan también de Berlusconi.
¿Ésta es la Europa moderna, pacífica; que repudia al diferente, atacándole física o moralmente, o que intenta culpar de la crisis a otros sin plantear alternativas dignas de dicho nombre?
¿Y es que se creen acaso que agrediendo al discrepante o despotricando, éste les va a dar la razón?




Como dijo Julio Anguita, con el que no puedo estar más de acuerdo:
“Los convencidos no gritan ni chillan; como mucho se acaloran”

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