Lo cierto es que se ha escrito mucho sobre la Muerte. No me refiero al acto en sí, sino al personaje. Al igual que también se ha escrito sobre la señora de los ojos vendados y su particular balanza, y de otros personajillos curiosos. Pero la Muerte se lleva la palma. ¿Quién no se ha imaginado alguna vez a aquel ser escondido en una capucha negra, con manos huesudas y su peculiar hoz? Sin embargo, me resulta extraño que nadie haya escrito o relatado nada sobre otra señorita que estaba en el mundo antes de que nuestra amiga, la Parca, llegase, antes de que la dialéctica entre vida y muerte comenzase (Bueno, más bien su caminar juntos). Me refiero a la Nada. No creo que mucha gente, (ni poca), se haya parado a pensar que posible forma pudiera tener la Nada. Cualquier forma nos parecería una contradicción –y, sin embargo, dotamos a la muerte de vida-. Quizás por eso, a diferencia de la muerte, no notamos como ella abraza ciertas situaciones, como nos rodea con sus brazos y nos echa su gélido halito en nuestra nuca. Es por ello que nunca se la ve llegar.
Lo cierto es que la tal damisela es mucho más terrorífica que la muerte. Os aseguro que el que acabase de sufrir la Nada, se reiría a la cara de la muerte, pero el principal problema de la esta damisela es que nunca concluye, tiene, la jodida, bastante paciencia.
¿Sabéis? Antes de ayer fue la graduación de nuestra clase. Un día bastante emotivo, con sus mas y sus menos, pero que al final siempre deja un buen sabor de boca. Día de bastantes protocolos, asistí a, en mi opinión, una de las mejores maravillas que crea la sociedad, ver como la gente aplaudía y regalaba ramos de rosas a alguien a la que pocos días antes ponían a bajar de un burro. El ser humano es fantástico.
La cosa es que como manda la buena tradición nos fuimos a cenar todos juntitos, con algunos profesores, a celebrar la ocasión. El vino era gratis, solo quiero apuntar esto. Al acabar la cena fuimos “de fiesta”. Es curioso, nunca antes había estado de pie en una plaza pasando tanto tiempo sin hacer nada, ni esperar nada en particular. No quiero meterme con la música alta, ni los bares, ni el alcohol. Lo cierto es que algunos amigos me decían que de lo que había visto ese día podría sacar un buen artículo para el blog. Y yo les decía que no, que no quería “energía negativa”.
Pero a la mañana siguiente, mientras uno pasa el polvo a la salits, el cerebro empieza a pensar. Ilusos. ¿De qué cojones quieren que hable? ¡Si no he visto absolutamente nada!
No vi a los compañeros de fatigas, aquellos con los que compartes el bocata de las once, ni con lo que adivinas las preguntas de exámenes. No veía a la gente que yo conocía de antaño, ni siquiera los que me caen mal, aquella noche me eran extraños. No eran ellos. Era así de simple.
Tampoco vi sueños, ni ilusiones, ni esperanzas. Aquella noche no vi ninguna de ellas. Y os aseguro, que unas semanas atrás, al hablar del futuro, si brotaron de todos nosotros. Pequeños y grandes proyectos que empezaron a forjarse en nuestras mentes e imaginaciones y que están deseando cobrar forma.
No vi conversaciones, ni ningún tipo de emoción. No vi diversión. Vi sonrisas mecánicas, propias más de autómatas que de jóvenes vivos. Hasta los vómitos estaban vacios, ya no quedaba comida.
En una ocasión, un amigo salió del pub y se acerco a hablar con nosotros.
- ¿Qué? ¿Qué tal os lo estáis pasando? Jeje, de esto quiero que hagas un articulo jeje.
Y entonces la vi, una silueta, apenas una sombra, algo que se había dejado ver en otros ratos de la noche pero que se esfumaba rápidamente. Detrás de mi amigo, abrazándole, y apoyando la cabeza en su hombro, yo detectaba algo. Una silueta cuyas cuencas de los ojos, vacías pero con vida, miraban a ratos mis ojos, a ratos los de mi amigo. Y apenas me dio tiempo a reaccionar, cuando la silueta desapareció, dejando en mi cabeza algo que nunca olvidare. Su mueca, la deformación de su horrenda cara, que representaba la sonrisa de la victoria. SU victoria.


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