Muchos esta semana han descubierto con estupor como los españoles, POR FIN, nos movemos, reclamamos ante este disloque que desde hace casi una década tenemos en España. Movimientos cívicos espontáneos, transversales, cargados de buenas intenciones con el fin de despertar a un sistema en estado comatoso, exigiendo responsabilidades a nuestros políticos y una reforma de la Ley Electoral ( en la que se incluiría las ansiadas listas abiertas) . Todo esto ha llevado a discusiones internas tanto en la derecha como en la izquierda. Discusiones sobre el origen gubernamental o no de este fenómeno, que primero fue silenciado por todos los mas media y que tras ver el supuesto éxito se han convertido en los mayores altavoces.Pero lo que era un movimiento de ciudadanos pidiendo una regeneración del sistema, se ha convertido en un asentamiento okupa en pleno kilómetro cero, donde se llevan hasta los sofás, abundan las litronas y el olor a maría, donde se insulta y ataca a los medios- aunque hay que reconocer que hay excepciones que intentan evitarlo- y se reparten los bocatas para comer y unos buenos churros para desayunar. La utopía perroflauta y en pleno centro de Madrid, eso sí pertrechados con los mejores gadgets. Erigidos en Soviet Supremo y han legislado sobre:
La prohibición sobre la caza de focas en España- tema que tiene profundamente preocupados a los pescadores de la ría de Vigo, siendo este su principal sustento-.
La eliminación del FMI y el Banco Mundial- ahí es nada y lo van a hacer ellos solitos-.
Entre otras medidas como un aumento del salario mínimo hasta los 900 euros o el fin del contrato temporal.
Esta protesta que fue vista por muchos, con gran ingenuidad- incluido un servidor, como una rebelión cívica reclamando más democracia y más libertad y ha quedado convertida en un intento de revolución protagonizada por la izquierda más trasnochada y estereotipada que reclama todo lo contrario, más Estado, más limosna y menos libertad que darían el toque de gracia a nuestra crítica situación económica. Así ha acabado, tristemente, la reacción de la sociedad civil española.
Esta protesta que fue vista por muchos, con gran ingenuidad- incluido un servidor, como una rebelión cívica reclamando más democracia y más libertad y ha quedado convertida en un intento de revolución protagonizada por la izquierda más trasnochada y estereotipada que reclama todo lo contrario, más Estado, más limosna y menos libertad que darían el toque de gracia a nuestra crítica situación económica. Así ha acabado, tristemente, la reacción de la sociedad civil española.


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