martes, 19 de febrero de 2013

Limpiando.


Hace que no escribo bastante tiempo. Demasiado quizás. De vez en cuando viene bien volcar el baúl de ahí adentro. Hacer limpieza. Ordenar un poco. Ventilar, que salga el tufillo. Lo intente alguna que otra vez, pero me sentía bastante vació. Como si todo lo del baúl lo hubiese volcado ya. Como si ni siquiera hubiese baúl.
Puede que así sea.  Todos, al fin y al cabo, tenemos de esos días de soledad y vacio  De los que el cansancio te alcanza, y se une a ti en un abrazo cruel. Pero, supongo, que tenemos la obligación. De luchar un poco. De tomar algo de aire.
Y por eso estoy aquí. Forzándome a encontrar el baúl perdido. El que no sé cuándo, hizo crack. Y al que ya no volví a ver. Retrocedamos el camino andado. Las simas y montañas de los últimos tiempos. Recordemos los paisajes. Los rayos de sol que por aquel entonces nos acariciaban. Muchas veces he dicho, que lo que siempre nos queda, son el sol y la lluvia. Las caricias de estos, los susurros de los pájaros. Y puede que los sueños. Alguno que otro.
Lo que aprendí. En un año por ejemplo. Me gustaría constatarlo en papel. Por si luego alguien me pide cuentas. Para justificarmelo a mí mismo. Para recuperar las cosas que llenaban el baúl.
No aprendí mucho en el último año. Quizás lo que más hice fue desaprender. Eliminar certezas, ideas seguras que por aquel entonces tenía.
Tampoco aproveche demasiado el tiempo. Es más, lo desperdicie bastante. Minutos que ya no volverán a mi. Perdidos en el tiempo. En las vorágines destructoras del destino que poco a poco se comen sueños descuidados, no suficientemente atados.
Esta entrada de hecho la comencé a escribir hace meses. Y la deje como tantas otras cosas, sin apenas desarrollarla. Y hoy, estoy aquíintentándola acabar. Atando cabos pendientes. Intentando averiguar cuál es la pieza suelta que esta jodiendo todo el viento. Si de verdad el baúl se volcó. Si de verdad, que volcara, ha sido algo malo o algo bueno. Si podre dejar atrás las imágenes, voces, ideas. 
Lo cierto es que aprendí algo importante, en ese último año. Descubrí lo que era la belleza. La BELLEZA con mayúsculas. El sentimiento que esta deja en tí. Lo insignificante y lleno a la vez que te hace sentir. No es que antes no me supiera distinguir si algo era más o menos estético. No es que nunca nada antes me hubiera transmitido emociones o cosas del estilo. Pero la propia belleza, es algo distinto, o al menos para mi. Algo que lo encuentras en el transcurso de la vida, y que un buen día llega a ti. Yo la descubrí en la mirada de una mujer. Y digo mirada y no ojos por que la miraba abarca muchas otras cosas. Su mirada, sigo pensándolo  te sobrepasaba. La sonrisa que acompañaban esos ojos, la expresión de dulzura infinita en su cara. No pretendo describirla en unas breves lineas. Ni en pocas ni en muchas. Eso, amigos, era Belleza. Del tipo de belleza que los años no borrarán. Que el soplo eterno del tiempo no marchitara. De esa que los hombres buscamos durante todas nuestras perras vidas. Por las que nos lanzamos a viejas Troyas, al otro lado del Atlántico u otras aventuras, sin más esperanzas que teniendo presente en los corazones lo que hemos visto. Y una vez que se rompe el duro caparazón eres capaz de ver esa misma esencia, esa misma belleza en otras facetas y momentos de la vida. En los días de sol, con el cielo de azul intenso. En las nubes esponjosas que los acompañan. La verde hierba que sientes en tu espalda. La nieve y sus copos. Las hojas doradas del otoño. El canto de los pájaros. No os voy a engañar. No es lo mismo. Ni mucho menos. Pero bueno, también son momentos que merecen la pena disfrutar y, a veces, nos pasan desapercibidos. Al igual que nos pasan desapercibidos muchos otros momentos en la vida cotidiana y aburrida del diario. Quizás sea esta monotonía la que no nos deje percibir las distintas emociones de la gente, presentes en sus acciones y sus ojos. Nos encerramos en nosotros mismos y dejamos fuera esos otros sentimientos pero que forman parte de la vida, y la constituyen. Amor, alegría, y otros más trágicos, están presentes en las miradas anónimas de la gente de la calle. En ojeras mal disimuladas. En sus miradas.



En la vida os pasara. El tener un objetivo y fallarlo. A menudo, estrepitosamente. Eso de meter la pata hasta el fondo. Y entonces, con el paso del tiempo, cuando la herida inicial haya cicatrizado, os ofrecerán otro objetivo. Quizás del mismo tipo pero, estas vez, a vuestro alcance.Puede, incluso que sea inmediato. Que lo que os ofrezcan ya lo estáis rozando con los dedos. No estoy yo para dar consejos. Pero en esas situaciones, lo mejor es reírse. Reírse de todo. De ti mismo, de la vida, y hasta del que os ofrece esos nuevos objetivos. Tu ya tenías uno. Y eso, tal como lo veo yo, no es cambiable. Sobretodo, si nos referimos a los deseos profundos del alma, a los sueños. No se puede traficar con ellos, amigo. En esta vida, solo tu sabes lo que anhelas. Solo tu te lo puedes marcar. Y una vez hecho, no te puedes conformar con una parte, u otra del botín. Realmente, no necesitas ganar. Solo tienes que luchar. Hasta el final. Porque de otra manera, te estarás rindiendo. Y eso nunca. Para rendirse uno tiene que tener miedo a perder lo que ya tiene. Y tú, sin tus sueños, no tienes nada. No vivimos de otra cosa que del futuro, aunque para ganarlo recurramos al pasado.
Otra cosa que quería mencionar es el tema de la pena. Nunca hagáis nada movidos por pena. Si el sentimiento o la emoción que os impulsa a actuar es la pena, no puede acabar bien. Es más, la pena nunca os hará moveros. Nadie quiere vuestra pena. Yo, al menos, no la querría. De nada sirve mostrar pena, nada más que para tranquilizar vuestra conciencia que os culpa de otras cosas. Si hacéis algo, y esto tiene motivos, que sean positivos. En esta vida, sobran razones. Amor, justicia, honradez, ética, honor. O simplemente, porque os da la gana.
Por último, nunca os fiéis de alguien que os dice que os ama.Ya que, o bien es alguien que os miente, y juega con una de las pocas cosas que le dan algo de sentido a la vida, o es un estúpido que no sabe lo que es la esencia del amor puro. El hecho de adorar a una persona por encima de tu propia vida y los Dioses que dominan esta. Entregarte sin esperar nada a cambio, sin ningún motivo en concreto. Sabiendo que tu propia existencia ha surgido para evitar que algo malo la suceda. Para cuidar de sus sueños y anhelos o simplemente vagar, sin poder hacer nada, sintiéndote impotente porque lo que daba sentido a todo el puzzle no te desea a su lado. Saber, que esa persona te tiene a su absoluta disposición. Saber, que le darías todo, de tener algo que ya no hubiera tomado de ti ya. Por eso, solo alguien estúpido os haría saber que lo tenéis, a vuestros pies. Que no espera nada más aparte de que seas feliz.
Tanto el mentiroso, como el estúpido, son tipos peligrosos. Alejaos de ellos.


Bueno, creo que por hoy ya he escrito suficiente. Quizás todo se resuma en una breve frase...simplemente, vivid!


El Bachiller

No hay comentarios:

Publicar un comentario