viernes, 15 de marzo de 2013

¿Por qué yo? Me preguntaste.



Una pregunta tan sencilla aparentemente. Y tan lógica, al fin y al cabo. Pero, si quieres que te sea sincero, no me gusta. Es como si me estuvieras pidiendo que justifique unos sentimientos, unas emociones que siento. Buscar su causa, su origen. Su porqué.
Nunca he creído en los porqués. En justificar tus acciones en base a otras. Sobre todo, si esas acciones, o actitudes de vida son las principales. Las más importantes. Esas no se deberían subordinar a ninguna otra cuestión. Son su propio fin en si misma. No necesitan justificación.
Puede que sí. Que tengas razón. Que a lo mejor todo tenga un porqué. Que lo que sentimos, lo que somos, sea una serie de consecuencias lógicas. Que se pueda llegar a ella en base de unos argumentos y deducciones adecuadas. Que, al fin y al cabo, todo derive de hormonas, ADN y cosas así.
Pero me niego a creerlo. Y posiblemente sea así, simplemente. Nadie dijo que tuviéramos que ser complejos y únicos. Pero aceptar esa premisa, hace la vida muy apagada. Muy triste, un sin-sentido en mi opinión. Nuestras vidas estarían subordinadas a otras cosas que nosotros, realmente, no habríamos escogidos.
Porqué escoger, lo que se dice escoger,  lo que uno desea, eso solo se hace si dejas de buscar argumentos, y sientes lo que te dice tu yo interior.  No sabes por que lo haces. Pero, se debe de hacer. Es por esas cosas, por las que merece la pena la vida.
No lo sé. No sé por qué siento lo que siento por ti. Y, si te soy sincero, no quiero saberlo. No me importa. No es importante, realmente. Porque lo que sí sé es lo que siento.
No sé por qué aquella semana, sentí que tenía que hablar contigo. A pesar de que ni siquiera supieras mi nombre. Que merecía la pena intentarlo. Correr el riesgo de hacer el ridículo. De meter la pata.
No sé por qué, el día que ni me miraste, se hizo tan oscuro. Tan frío. Vacío y sin sentido. Y porqué al siguiente fue, simplemente, maravilloso.
Pero sé que, contigo, el tiempo se me pasa volando. Que me gustan las historias que me cuentas. Tus aventuras. Las caras y muecas que pones cuando las cuentas, cuando me miras. Los paseos a tu lado. Lo a gusto que estoy contigo. Que comer las golosinas, no va a volver a ser lo mismo sin ti.
Sé que, cuando no estoy contigo, paso todo el día recordando cosas de las que hemos hablado. Situaciones, momentos. Que desde que todo empezó, apenas me puedo quitar una tonta sonrisa en mi cara, que cada poco vuelve a asomar. Que la gente se me queda mirando en la calle, porque me rio solo.
Sé que yo, normalmente, solo me conectaba al whasap 5 min al dia. Y ahora no.
Sé que donde vas, llenas el ambiente de buena energía, buen rollo. Que contigo, nadie se lo pasa mal.
Sé que me encanta mirarte en clase, y que me devuelvas la mirada. Que adoro esa sonrisa medio seria-medio pícara con las que no sé, ni siquiera, si va dirigida a mí. Que cuando estoy a tu lado me siento muy afortunado, invencible, invulnerable para el resto del mundo (y sin embargo en tus manos).
Sé que tus miradas, sonrisas, toda tú, te has quedado grabada en mi retina.
Sé que, ahora mismo, estoy escribiendo todo esto, por y para ti. Que ya es demasiado tarde para dar marcha atrás. Para fingir que no te he descubierto. Para fingir que podría olvidar todo. Seguir como si nada.
Sé muchas otras cosas, que ni siquiera me atrevo a escribir. Muchas otras, que no pretendo poder abarcar con unas pocas palabras escritas aquí. Sentimientos y emociones, al fin y al cabo. Que, al escribirlas sería como insultarlas. Porque esas cosas, surgieron para sentirlas, y no leerlas. No se deben estudiar ni razonar. No tienen porqués. Simplemente nos inundan. Nos invaden. Y lo único que podemos hacer, es vivirlas. Y me gustaría, que en este camino, poder sentirte a mi lado. No sé por qué. No se hacía dónde. No sé el futuro, ni me preocupa.
Y sí, sé que esto es una cursilada. No haber preguntado. ;)

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