Quizás solo sea eso. Quizás solo nos encontremos en una barca. Una barca en medio del océano. Un océano inmenso del cual no se ve final. Tal vez, solo tengamos un par de remos, falsos recuerdos de compañía y mucho, mucho tiempo. Puede que en alguna ocasión nos dijeran en que dirección está la tierra, pero de eso hace mucho tiempo. Elegir una dirección y remar. Remar con fuerza, o pausadamente, con ganas o con desidia, lo mismo da. Nunca verás la tierra. Puede que te llegue los graznidos de gaviotas, y que estás te hagan compañía. Nunca se llega. Quizás sea esa la maldición. La maldición del tiempo, el azote de hombres, el castigo de Dioses. Los rayos de sol acariciarán tu piel por las mañanas, como un cálido abrazo fraterna. El olor al mar te llenará por dentro, y posiblemente, nunca te falte manjares. Llegará la noche, y la luna te acogerá en su seno. Millones de estrellas te contarán cientos de historias sobre ellas y sobre otros como tú. La lluvia llegará y te aliviará, eliminando tu sed, curando tu piel agrietada del viaje. Sentirás el agua deslizándose por tu frente y tus mejillas. Vivo. Incluso puede que te guste. Puede que al llegar los días infernales, el sol no te parezca tan demoledor, y lo soportes. Que los vientos te tiren una y otra vez de la barca, y consigas agarrarte fuerte a ella. Que la noche te rodee con sus nieblas y que no te tiemble el ánimo ni el pulso. Derrotar a las tormentas y granizadas, a las hambrunas y a las sequías. Quizás, a pesar de todo sigas remando, hacía una dirección que, supones, tiene que ser la correcta o la apropiada.
Llagas en las manos. Muchos se preguntarán para qué remar. Algunos tirarán los remos a los pocos días. Otras remaran a la desesperada. Habrá quien ,apaciblemente, disfrute del viaje. Quien se quede con los buenos momentos, y quien se quede con los malos. Con todos a la vez, o con ninguno. Al final lo mismo da. Quizás lo único bueno, es que todo va a dar al mismo punto. Un punto desconocido, pero al que todo discurre. Así nadie te obliga a elegir entre una cosa u otra con castigos ni amenazas. Así, realmente, puedes elegir actuar como de verdad quieres. Sin escusas. Sin miedos. Con la valentía del desesperado, del animal arrinconado. Ahí está la barca y los remos. Todo es simple. Demasiado simple si lo piensas fríamente. Poco humano. Demasiado poco. Pero al fin y al cabo nada tiene por qué ser humano. No obligatoriamente.
¿Que escoger? Lo importante supongo, es escoger. Escoger tú. Y lo demás es secundario. Y saber que todos nos veremos en el punto final. Unos,quizás, más morenos que otros. Supongo que yo prefiero coger los remos y remar. Remar hasta que te sangren las manos. Hasta notar la sal en tus heridas, y seguir remando. Tal vez, solo para poder oír a las gaviotas, y que estás te arranquen tu última sonrisa.
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A la desierta plaza
conduce un laberinto de callejas.
A un lado, el viejo paredón sombrío
de una ruinosa iglesia;
a otro lado, la tapia blanquecina
de un huerto de cipreses y palmeras,
y, frente a mí, la casa,
y en la casa la reja
ante el cristal que levemente empaña
su figurilla plácida y risueña.
Me apartaré. No quiero
llamar a tu ventana... Primavera
viene ?su veste blanca
flota en el aire de la plaza muerta?;
viene a encender las rosas
rojas de tus rosales... Quiero verla...
Una bitácora de un trío (convertido en cuarteto)que hablará de la actualidad, de curiosidades, de sus vidas, de sus gustos;siempre con la total LIBERTAD. Con la intención de transmitir lo poco que saben, de provocar a más de uno y sobre todo, hacer pensar. De como acabará esta aventura, no tenemos ni idea; éso es algo que solo el tiempo lo dirá...
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a otro lado, la tapia blanquecina
de un huerto de cipreses y palmeras,
y, frente a mí, la casa,
y en la casa la reja
ante el cristal que levemente empaña
su figurilla plácida y risueña.
Me apartaré. No quiero
llamar a tu ventana... Primavera
viene ?su veste blanca
flota en el aire de la plaza muerta?;
viene a encender las rosas
rojas de tus rosales... Quiero verla...



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