viernes, 9 de diciembre de 2011

Son azules. Los de piña.

Si hay algo que nos acompaña a lo largo de toda esta vida son las preguntas. Nacemos y a los pocos años ya se enciende la maquinaría. La maquinaría que nos caracteriza a los hombres. La curiosidad por todo. La preguntas desembocan en nuestra cabeza cuál río desbordado, anegando todos los conocimientos preestablecidos. Y es entonces donde aparece la maravillosa expresión del porqué. La mayoría de esas preguntas llevarán un porqué. En el fondo, todo se resume a querer saber, algo tan simple como el porqué de las cosas. No necesitamos ni siquiera saberlo de la totalidad de las cosas. Yo, de hecho, me conformaría con saber un solo porqué. Pero, me temo, se resisten bastantes. Os voy a ser sinceros, hace bastante que perdí la esperanza de poder encontrar esa respuesta. Lo he pensado y mucho. Pero no la encuentra. Los porqué son una trampa peligrosa. Una vez te haces la pregunta, siempre va a haber algún buen samaritano que te la va a intentar responder. Pero, lo cierto, es que en su respuesta, te va a surgir, al menos, otro porqué. Podéis repetir el ciclo todas las veces que queráis, siempre hay un determinado punto, (punto de duda crítica, le podríamos llamar), en el que el ciclo se colapsa sobre si mismo, y obtenemos un espectacular fenómenos: Un gran agujero negro, el punto de no retorno, el vulgarmente conocido como "porque si", aunque , en algunas ocasiones, también puede tomar la forma de "porque no". No es que suceda en determinados aspectos de la realidad. Sucede en toda la realidad. Voy a contaros una pequeña anécdota para escenificar el mensaje.

El año pasado, en clase de física, un amigo mio pregunto al profesor, por qué en la refracción de los rayos de luz, el ángulo de incidencia y de refracción eran los especificados por la fórmula. El profesor, contestó, que eso era debido, naturalmente, a que la Ley de Snell lo decía así. (Lo que viene a ser un porque si ). Esa respuesta no convenció a mi amigo, que siguió insistiendo. Tras largo rato, consiguió que el profesor le aclarase, que ese era el camino en el que la luz tardaba menos tiempo de llegar de un punto a otro, y por ello, seguía ese camino. Y todo quedo así. En ese nivel de ciclo. Nos quedamos conformados con esa respuesta y todos felices. Nos podíamos haber preguntado por qué la luz sigue el camino de mínimo tiempo, y quizás, solo quizás, nuestro profesor nos hubiera contestado que realmente la luz sigue todos los caminos posibles, y solo aquellos que tienen el mínimo tiempo, consiguen que las ondas asociadas a los fotones no se autodestruyan, y por ello solo vemos como siguen el camino "correcto" (Pero eso es ya meterse en la teoría cuántica). Lo cierto, es que esto tampoco responde el porqué. Me temo, que la ciencia solo es capaz de responder al cómo (U otros interrogantes). Siempre se queda estancada en un cierto nivel, y en ese punto, se recurre a una determina "Ley magistral de la Naturaleza", que viene a ser un porque si disimulado.
No, no. No existen respuestas totales a los porqué. Pero no nos pongamos pesimistas. Yo al menos, me he quitado un trabajo de encima. Ya hay una infinidad menos de preguntas que contestarse. Bueno, la realidad que nos rodea, pierde un poco de sentido, pero ¿Necesita la realidad sentido? O eso solo se lo hemos impuesto los hombres con nuestra peculiar forma de ver el mundo. Debemos esforzarnos por quitar el "sentido" de la naturaleza, para descubrirla en su forma salvaje. Nos cuesta y nos costará, pero, me temo, todo nos lleva a abandonar el sentido, y más aún el común. (Buena prueba de esto son las últimas teorías físicas).Sustituye los por qués de tu vida, y por lo menos obtendrás respuestas reales. El por qué te gusta, pasaría a ser un qué te gusta. El porqué vivimos, pasaría a ser un cómo vivimos (y morimos).
Y qué hacemos con el por qué. ¿Lo desterramos de nuestro diccionario, de nuestras vidas, de nosotros mismos?. Me temo, que eso sería arrancar una buena parte de nosotros mismos. Nos viene se serie, y nos ha hecho ser lo que somos hoy en día. Supongo, que en nuestro fondo es inevitable que nos sigamos preguntando los porqués. ¿Por qué?. ¿Por qué? ¿Por qué existimos? ¿Por qué la vida nos lleva por cañadas oscuras y tortuosas? ¿Por qué las pruebas se suceden una tras otra?(...) ¿Por qué, Señor, por qué?

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