jueves, 24 de mayo de 2012

No pasa nada.

Atardece en León. Parece ser un jueves más, pero no. Te conectas al Tuenti y sabes que no va a estar ninguno de tus amigos. Todos, absolutamente todos van a estar allí. Ya te lo han advertido. Sus miradas de extrañeza cuando escuchaban el que no irás  te lo decían todo. Es el día de la Espicha de Industriales. El evento del año, bien conocido por toda la ciudad. Espicha, para los que no son autóctonos, es otra manera de decir macro-botellón universitario. Eso sí, cuenta con el consentimiento de todos que prefieren callar, no se vaya a revolver la fiera.  Y a la mañana siguiente habrá que llamar a barrenderos extras para que se ocupen de limpiar los destrozos. Pero no pasa nada. Nunca pasa nada. Esto, al fin y al cabo, es normal. Perfectamente normal. Ir a emborracharse a la universidad. Luego pretendemos defender la educación pública y diversos derechos sociales. Pero nos faltan armas. Nos faltan valores. Y supongo que la batalla está perdida. Por eso escribo esto, para vaciar la conciencia, igual que el que tira de la cadena del váter. Todo, ya, sigue su curso. Inamovible

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