sábado, 2 de octubre de 2021

La mayor carga de caballería de la historia

     Eylau, 1807. Napoleón, al ver llegar la columna rusa, supo lo que tenía que hacer. Notaba esos ojos fríos y duros, que le maldecían más allá del campo. Hizo llegar el mensaje a Murat. Era la única esperanza del imperio.

    La infantería nunca abandonó su puesto, fiel a su leyenda. Se trataba, al fin y al cabo, del mejor ejército de Europa. La caballería debía acudir en su ayuda. Menos valorada, el descuidado franco daba la oportunidad de una acción heroica y suicida. Mando un ataque total, un asedio continuado.

Y al frente de la caballería, dividiendo sus fuerzas en dos, Murat emprendió la mayor carga de caballería de la historia. Carga total. Carga sin cuartel.

Y mientras emprendía el galope, y mientras el silencio antes del combate se disolvía, cerró los ojos y por primera vez, comprendió.

Comprendió la carga de los 600, en Cunaxa. Y vio a su lado a Alejandro, en Gaugamela, a Enrique Corazón de León, en Arsuf, y a los reyes cristianos, en las Navas de Tolosa. Una única carga de caballería, repetida por todos los siglos.

Napoleón sonrió. La caballería estaba franqueando las fuerzas enemigas. Le habían pillado de improviso. La soberbia que dan los números, pensó, tenía que mostrarse en el campo de batalla. El viejo sitio donde la única certeza es que los blancos y los negros se enturbian. La estepa rusa, el monstruoso dragón a batir. La dulce venganza, estaba cerca, la podía rozar con los dedos.

El trotar de los caballos, poco a poco, se convirtió en el tictac de su propio corazón.  Podía notar esa arteria pulsante de su cabeza, y la expectación de la sala. No hubo necesidad de dar jaque mate. Ese día de 2002, durante el torneo "Rusia contra el Resto del Mundo", la joven Polgár derrotó a Kasparov.

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